Creo que ya lo sabíamos, pero ahora tenemos los datos para apoyarlo: Chile es un país de otakus, se crea mucha historieta estilo manga, y estas historietas están escritas mayoritariamente por mujeres. Somos mayoría, algunas de mis colegas lideran los ranking de ventas y de lectura en las bibliotecas públicas1, y, sin embargo, persiste una marcada brecha de reconocimiento y condiciones laborales respecto a nuestros pares masculinos.
La reciente Caracterización de agentes culturales del sistema del cómic en Chile, realizado por la Cooperativa Gráfica chilena2 indica que del 37,0% de las mujeres que actualmente crea historietas en Chile, un 43,1% prefieren trabajar en estilo manga (frente al 26,4% de los hombres), utilizando los recursos estéticos de este.
Podríamos decir, entonces, si quieren aceptar mis cálculos muy indecentes de persona humanista que se graduó de IV° medio hace 15 años, que cerca del 32% de les creadores de historietas en Chile prefiere el estilo manga. Una presencia importante, pero que no se traduce en una igualdad de legitimación, y de reconocimiento institucional, lo que, sumado a las condiciones laborales desiguales, hacen que crear historietas siendo mujer, e historietas estilo manga sea, un poco, paradójico. Y terrible.
Ser mujer que hace historietas: Androcentrismo y misoginia
El cómic chileno ha estado, históricamente, dominado por hombres, lo que ha instaurado un ambiente androcéntrico difícil de romper. Las revistas como Condorito, Barrabases, Mampato, o Trauko, mostraban personajes femeninos secundarios o estereotipados (víctimas, objetos de deseo, amas de casa, fondos de relleno) reforzando roles patriarcales, y los eventos de difusión de la historieta nacional estuvieron (y están) dominados por la misma lógica, dando voz y reconocimiento al círculo masculino. Este legado misógino implicó la invisibilización de autoras, generando una “orfandad de genealogías” de mujeres. No es extraño entonces que, sin estas redes locales propias, las creadoras jóvenes deban valerse del manga y otras estéticas alternativas para construir comunidades. En contraste, los hombres, gracias a décadas de hegemonía, dominan las redes de contacto formales: siguiendo con los datos del mismo estudio, los hombres reportan mayores ventas vía distribuidores (8,6% vs. 2,9% de las mujeres) y participan con más frecuencia en redes interregionales e internacionales. Esto sugiere que no solo los espacios informales y autogestionados son patriarcales (y misóginos), sino que las estructuras comerciales tradicionales también siguen masculinizadas, dificultando la inserción de las autoras en los circuitos establecidos.
Qué hacer entonces cuando las puertas no se abren. En la práctica, la mayoría de creadores (91,6%) financia sus proyectos con recursos propios. Las mujeres, además, asumen mayor riesgo financiero: un 44,5% de las autoras invierte tiempo y dinero sin retorno, frente al 37,9% de los hombres. Esta precariedad lleva a las autoras a optar por formatos de bajo riesgo de inversión: el 55,5% de las mujeres prefiere la autoedición (fanzines o micropublicaciones) como vía de ingreso, comparado con solo el 34,5% de los hombres. En cambio, la producción masculina se concentra en los canales consolidados: libros impresos (37,5% vs. 27,0% en mujeres) y revistas seriadas (15,5% vs. 8,8%).
En resumen, cómo es ser creadora de historietas en Chile, según estos datos: menos referentes, menos reconocimiento, menos inserción, menos ingresos.
Y, más encima, hacen mayoritariamente manga, lo que es otro nerfeo porque
Hacer historietas que son manga: Prejuicios estéticos y académicos
El estilo manga enfrenta en Chile un desprecio académico e institucional que impacta negativamente a les autores que lo utilizan y defienden. En los años que llevo trabajando en el CRA (Centro de Recursos para el Aprendizaje, también conocido como Biblioteca escolar, unos 6) el 2024 apareció la primera historieta estilo manga para su adquisición, seguida por otra más este 20253. Considerando que 7 de los 10 títulos más leídos en mi biblioteca son manga, y que esta tendencia se repite a nivel nacional en bibliotecas públicas, hay una clara disonancia entre oferta y demanda. En los reconocimientos, de los 6 años que el Ministerio de las Culturas, las Artes, y el Patrimonio lleva entregando el Premio literario a la Narrativa Gráfica, ninguno ha sido en estilo manga. En lo académico (y aquí hablo según lo que he escuchado de varias personas, cercanas y no tanto, de distintas instituciones), en las escuelas de ilustración y artes es común que el manga sea considerado un estilo “inferior”, incluso siendo prohibido o ridiculizado (tanto la obra como le estudiante). Este sesgo curricular refuerza la idea de que la obra de autoras ligada al manga no forma parte de la “gráfica chilena” dominante, relegándolas al ámbito underground, o, si logran ser publicadas y tienen éxito, catalogándolas como un producto meramente comercial, sin valor estético o artístico.
Son monitos. Están copiando un dibujo.
Pero, contradicción, a pesar de que su trabajo se ve como de menor valor artístico, menos comerciales (en el caso de la narrativa autobiográfica, o la narrativa feminista), o demasiado comerciales y para un público juvenil o infantil (ya vamos a pelear por qué eso no debería ser jamás un sinónimo de “simple” y “con bajo valor artístico”),son las mujeres quienes suelen invertir más tiempo y dinero en profesionalizarse en el área con carreras universitarias y diplomados.
No soy experta en estética (pero ganas no me faltan de hacer el magister) ni en manga (o quizás lo soy y me falta la audacia masculina para proclamarlo), pero creo que hay razones históricas suficientes como para que dejemos de considerar el estilo manga (y no digo manga, sino estilo, porque manga es más una denominación de origen) como algo inferior, repetitivo, y comercial. Importantes han sido los aportes del manga a la forma de narrar (líneas cinéticas, viñetas rotas, viñetas centradas en el estado de ánimo por sobre la acción, que usualmente se utilizaba como unidad de medida de la historieta), y numerosas son las obras destacadas por su valor artístico.
En lo que sí soy experta (humilde pero con cartones universitarios bajo la cama) es en literatura, especialmente en literatura infantil y juvenil, y estoy un poco harta de que se menosprecie a los libros solo por ser populares entre jóvenes, como lo es el manga, por vender, como si las niñeces y les adolescentes no tuvieran criterio, juicio estético, gusto. Como si no pudieran reconocer el valor de una obra. Y sí, consumen a veces por consumir, pero son muy conscientes de sus prácticas, saben qué y para qué leen, y saben cuando una obra es para pasar el rato, y cuando una obra perdurará en su memoria, y en la memoria colectiva. Así que dejemos de hablar como si el romance juvenil, las historias de exploración personal, de crecimiento, todas las historias que no se centran en un conflicto a gran escala, fueran de menor valor. Creí que ya estábamos en la época de la literatura postmoderna, por favor dejemos tranquilo el periplo del héroe, no es lo único que existe, y tomémonos más en serio las obras contemplativas, exploratorias, los estudios de personajes, las obras donde aparentemente no pasa mucho.4
Al final, los resultados de esta caracterización confirman lo que como autoras tenemos claro hace tiempo, que ser mujer (o disidencia) y crear en estilo manga es un doble castigo: primero, la histórica brecha de género nos margina de los espacios comerciales formales y nos expone a una mayor precariedad, y segundo, el prejuicio estético y académico nos relega, tildando nuestro trabajo de “inferior” en algunos casos, o “demasiado comercial” en otros. Misoginia y snobismo, dos grandes problemas de la literatura en general, en todos los tiempos.
Cuánto queda para que la “escena de la historieta chilena” se ponga al día con lo que las bibliotecas y les lectores ya saben hace mucho rato: que en el manga hay valor artístico, hay voz, y hay un espacio para quienes no lo han tenido hasta ahora.
Fuente: Manzana podrida / Naito
Link: https://naitoknt.substack.com/p/la-paradoja-del-manga-en-chile